En la soledad del faro |
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Historias de un viejo farero
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02/08/2008Como la arena.![]() La tarde se presentaba cálida y tranquila y decidí pasarla en la playa esperando allí sentado la puesta de sol. Están llenos de arrugas los contornos de mis ojos de mirar al sol cuando se esconde detrás del mar, de verlo una y otra vez jugar a ser un barco mágico que se hunde y que a la mañana siguiente vuelve a navegar buscando un nuevo naufragio, pero a pesar de tantas tardes mirándolo me siguen gustando las puestas de sol, me siguen cautivando, siguen aprensando mi mirada hasta que el mar se convierte en una hucha inmensa en la que el cielo vuelve a echar, lentamente, una moneda roja.
Cogí mi vieja mochila y puse en ella una botella de agua fresca, un poco de mi soledad y el recuerdo de María. Me he sentado en la playa y he estado cogiendo pequeños puñados de ella que he ido dejando caer poco a poco, como si mis manos fuesen un reloj de arena. Caen los granos y forman un montoncillo, y corren cuesta abajo por encima de otros granos que cayeron antes, y la diminuta montaña se hace más alta, más ancha, pero sigue siendo nada en una playa donde el viento crea y borra cada tarde cientos de montañas tan frágiles y pequeñas como la que hacen mis manos. Y es el viento quien viene a visitarme, a jugar conmigo y con la arena que cae de mis manos, y la desvía de su caída vertical, y a la montañita le roba altura y la hace más ancha, menos alta.
Cansada de ser un reloj de arena quiere mi mano retenerla, parar el tiempo, pero la arena se escapa poco a poco y al cabo de un rato en mi mano tan sólo quedan unos cuantos granos pegados a ella, granos que seguramente sintieron pena de mi y se quedaron ahí para hacerme compañía.
Es esta arena como María, la tengo entre mis manos pero viene el tiempo y se la lleva, y me la quita, y en mis manos solamente queda su olor, la huella de sus caricias, el sabor de su piel… Y yo, que la necesito, abro mi mochila y pongo en ella un puñado de arena para que ni el tiempo me la robe y regreso al faro con ella, con el recuerdo de María, con la ilusión de llenar otra vez mis manos con su aroma, con sus caricias, con la suavidad de su piel… y dejo la mochila en el faro y emprendo un camino que termina en su bar.
El viejo farero. 01/08/2008Regreso.![]() El tiempo, algunas veces, es una gaviota que vuela. Tiene, en ocasiones como esta, la cualidad de retornarme a un sitio querido, la generosidad de llenar de alegría mi corazón al volver con los ojos llenos de azules y verdes, de paredes de piedras centenarias, de otros faros y otros mares. Ha sido bueno el tiempo conmigo y me ha regalado conocer otras tierras, otras gentes. Aqui, ya de regreso, miro el mapa en el que una línea pintada a lápiz que se tuerce a cada paso me recordará los caminos andados y cada pueblo visitado lo veo como algo cercano a pesar de la distancia. Sobre el mueble donde duermen los faros que me regalaron, los que compré, hoy descansan 3 nuevos; empieza este mueble a ser una ciudad de faros. Gracias a quienes me habeís dejado algun mensaje en estos días, ahora encendemos el faro y seguimos compartiendo.
El viejo farero. 09/07/2008Descanso.![]() Todo tiene su tiempo y en breve llegará el tiempo de descansar, yo del trabajo y vosotros de mi. Llegan días de vacaciones, de olvidarse del reloj, del móvil, de las prisas, de los problemas del trabajo... Dentro de nada las cosas no tendrán un hora que marque su comienzo y su final, los ojos verán otros paisajes, los oidos escucharan otras maneras de hablar y, si todo va bien, cuando retorne, traeré conmigo mil recuerdos, mil vivencias. Dicen que el mundo es un libro, y aquel que no viaje solamente lee una página. Yo quiero seguir leyendo otras páginas, conocer otras tierras, otras campos y otras costas. Os echaré de menos, no tengais la menor duda, igual que echaré de menos este faro, pero solo será por unos días, (no os hagais ilusiones) a primeros de agosto este viejo farero volverá a daros la lata con sus historias. Hasta entonces, un saludo inmenso, un abrazo para cada persona que me lee. Nos vemos en agosto. El viejo farero. 28/06/2008Regálame tu silencio.![]() He soñado esta noche que me llamabas, que otra vez aparecía tu nombre, ese que jamás borré, en la pantalla de mi móvil. He soñado que me saludabas, que me contabas cómo te iba la vida, que te interesabas por cómo me iba a mí…
Ahora, otra vez de noche, rodeado de esta casi eterna soledad, he deseado que parte del sueño se hiciese realidad, y sin que tú lo sepas te he pedido que me llames.
Llámame y no me digas nada, guarda silencio cuando te diga ese “¿siii?” con el que respondo siempre. No saludes, no digas mi nombre. Calla, como yo callaba algunas veces porque me daba miedo decirte lo que quería decirte, guarda silencio y deja que sea él quien me hable.
Llámame y no digas nada, déjame imaginar tu voz una vez más, deja que oiga tu respiración y que recuerde cuando mi cuerpo era tu sábana y te cubría, y te daba calor, y la sentía tan cerca de mí que la confundía con la mía.
Llámame, pero no rías, deja que mi mente dibuje una vez más tu risa, no digas nada, deja que mi corazón imagine las palabras que está loco por oír y que hace tanto tiempo que no me dices. Tú llámame y guarda silencio, y deja que yo solamente diga tu nombre, y que me quede también callado. Y después, cuando tu llamada de silencio termine déjame tener la ilusión de que has llamado para decirme que me amas.
Llámame y regálame tu silencio, el sueño de creer que sigo siendo quien fui.
El viejo farero. 22/06/2008Margarita negra.![]() Desde el faro lo he visto andar despacio por la playa, cogiendo de vez en cuando algo de la arena y tirándolo al mar. Es la primera vez que mi pequeño amigo se acerca al faro sin su bicicleta, la primera vez que lo veo andar despacio, sin esa vitalidad que se le escapa por los ojos, por las manos, por cada poro.
He bajado y le he encontrado sentado en la playa, mirando el mar. Me ha parecido una persona mayor más que un crío, y me he acercado a él de manera que me viese desde lejos; lo veo tan metido en sus pensamientos que seguramente se hubiese asustado al verme de repente a su lado.
Hoy Miguelito me ha saludado con una sonrisa más triste que alegre. Me apoyo en su rodilla para sentarme junto a él y mi pequeño amigo toma mi brazo par ayudarme. – Ya estoy viejo, Miguelito… Un día de estos necesitaré un ayudante que suba al faro a comprobar que todo está bien.
Se iluminan por un segundo sus ojos, pero es solo eso, un segundo, igual que la luz de mi faro para los barcos, y después desaparece de nuevo. ¿Dónde estará la alegría que hace apenas unos días le rebozaba por todas partes? Y sin saber que hacer le pregunto por su bicicleta, y el niño que quiere ser farero me cuenta que la ha dejado en casa, y me empieza a hablar de una niña del pueblo, un poco mayor que él, que ya va al instituto de un pueblo más grande que el nuestro, y me cuenta que le gusta, y que creía que él le gustaba a ella, pero ayer, sin quererlo casi, vio en su cuaderno un corazón pintado en rojo, y una flecha que lo atravesaba, y dos letras, una era la inicial del nombre de la niña, la otra no era la M de Miguelito. Y mi amigo niño pasó una hoja, y leyó un pequeño poema que la niña había escrito a alguien cuyo nombre coincidía con aquella tortuosa letra del corazón.
Me va contando cosillas y tirando conchas y piedrecillas al mar, como si estuviese deshojando una margarita, una margarita negra en cuyos pétalos solamente escribieron la palabra no.
Pienso por un momento que va a llorar, pero mi amigo se hace el hombre y lo oculta, y mientras se limpia los ojos me dice que le ha entrado arena. –Si Miguelito, a mi me pasa eso mismo de vez en cuando… me entra arena en los ojos. – Me mira, los dos sabemos de que estamos hablando, y Miguelito, que es ya un hombre se levanta, me ofrece su mano para ayudarme y me hace una pregunta: Farero… ¿Tienes zumo en el faro?
El viejo farero. 17/06/2008Los celos de María.Me había parado en la plaza a saludar a una amiga y charlar un ratillo con ella cuando Pasó María. Venía de la tienda de Encarna, de comprar cuatro cosas para la casa. Sabía lo que pasaría, pero esperé a ver su cara, sería, alterada, enfadada. Para mi, María está guapa siempre.
María es celosa, un poco celosa, y se enfada cuando me ve charlando con otra mujer. Hoy casi no me saludó, le dije de ayudarle a llevar las bolsas pero tampoco quiso, y me quedé unos minutos charlando con mi amiga, mirando de vez en cuando, a escondidas, la calle por la que María se alejaba.
Camino del bar me la imaginaba poniendo las cosas de mala manera, nerviosa, me sonreía al imaginarla celosa de cualquier mujer, de todas las mujeres. Sabe que solo son conocidas, vecinas del pueblo, amigas, sabe que a ninguna la miro a los ojos como la miro a ella, que ninguna me pone los vellos de punta si roza mis manos como me pasa si lo hace ella, pero es así, un poco celosa, y no puede evitarlo.
Entro al bar y la veo detrás del mostrador, con un trapo en las manos limpiando algo que ha derramado. -¿Te ayudo? – No, no hace falta… me apaño sola… - Y María sigue limpiando la madera del mostrador, y más que dejarlo tira el paño, y me mira a los ojos de pasada, y me pregunta que si ya he terminado de charlar con mi amiga.
Está guapa así, con ese brillo en los ojos, con esa cara seria, con esos labios apretados. – No hacía falta que dejases la charla para venir aquí…- Y yo tomo sus manos, y le digo una vez más que no es la charla, sino la vida, y el mar, y el faro… lo que dejaría por venir donde ella. Y María dibuja en su boca un intento de sonrisa, y cojo una servilleta de papel y le escribo que la quiero, que la amo, que hay muchas mujeres en el pueblo, pero que yo solo veo a una, y solo sueño con una, y solo amo a una.
Sonríe María y salimos y nos sentamos en la puerta, y pasa Luisa, una amiga de los dos, y nos saluda, y pellizca mi cara en señal de cariño, y María me mira, y va a decir algo, pero sello sus labios con los míos, y al retirarlos se me escapan dos palabras…
El viejo farero. 15/06/2008Así te veo yo.Hoy amplío esta sección con las letras de una amiga. Para mi tiene un nombre corto y precioso, para el blog tiene uno más largo, pero igual de bonito: Alejandría. El escrito en principio no tiene título, yo le he puesto este que habeis leído: Así te veo yo. Haciendo un poco de ese Rinconete que todos llevamos dentro aprovecho la situación y te doy las gracias por dejar tus letras en este viejo faro y, sobre todo, por esas charlas y esos consejos con los que me demuestras tu cariño. Así te veo yo: Así te veo yo, recuperando tu imagen a través de la distancia: que no te cambie la servidumbre de lo cotidiano. No dejes que nada limite ese tu ser interior, tan digno de ser admirado y amado.
Alejandría. 02/06/2008En mil pedazos.![]() Tiré al mar mi orgullo y mi amor propio, mi dolor, mis malos recuerdos... Saqué de un cajón un bote de buenas intenciones y me puse a pegar los mil trocitos en los que partiste mi corazón. Quise recomponerlo y volver a regalártelo.
Lo envolví en un papel que tenía el color de la amistad. Busqué primero uno de regalo, pero no tenía, después quise rodearlo con uno de perdón, pero recordé que no uso ese papel, que jamás lo he tenido en el faro, porque jamás he tenido nada que perdonar.
Tuve que cambiarle el papel antes de dejarlo en la oficina de correos, sangraba, y estaba llenándolo de pequeñas rosas rojas.
He vuelto al faro y, en la puerta, me lo he encontrado. El cartero ha marcado en el sobre que el destinatario rehusaba recibirlo. Está el papel otra vez lleno de pequeñas rosas rojas, lo he abierto con cuidado para no dañarlo, pero ha sido en vano. Lo he dejado lentamente sobre la cama. He comenzado a ordenar los mil trozos en que has vuelto a romperlo y he bajado a la playa, a buscar entre la cosas que las olas dejan en la arena algunas de las que tiré a la mar. Volverán poco a poco, y mientras tanto yo recompongo, una vez más, mi corazón. Me hace falta para vivir, para compartirlo, para darlo a quien quiera acunarlo.
El viejo farero. 01/06/2008Tanto...![]() Después de buscar entre sus escritos he decido dejar aqui este de una amiga. No es que sea el mejor de todos, la mayoría son preciosos, inmensamente sentidos, íntimos y llenos de sentimientos, pero este, para mi, es como las primeras luces de un alba que promete llenar de vida un corazón. Ella es Mar_ y si mirais en mis enlaces vereis que tengo uno a su blog. Sinceramente creo que merece la pena visitarlo. A vosotros os dejo con este escrito de ella titulado " Tanto..." A ti te doy las gracias por dejarme poner en el faro un trocito de tu mar.
Tanto te di que me olvidé de mi, Tanto te regalé,que ahora tengo Tanto camino tengo que volver a recorrer Mar__ 27/05/2008El pez que quiso ser gaviota.![]() Dicen que fue una noche de luna llena cuando, atraído por su blanco resplandor, se acercó a la superficie. Que le atrajo la luz de la luna y quiso verla mejor, y rozó levemente la fina línea donde el mar deja de ser mar y se convierte en aire, donde sigue oliendo a sal, pero ya no es la mar.
Dicen que asomó su pequeña boca y sacó del agua sus grandes ojos redondos como la luna, y la miró. Aleteó haciendo un equilibrio hasta entonces imposible. Le faltó el agua para vivir y volvió a sumergirse buscando bosques de algas y corales.
Dicen que pasó la madrugada nervioso y el día impaciente, y que al atardecer siguiente no pudo esperar más y volvió a sacar su cabeza del agua para ver la luna, pero encontró un sol rojo que besaba el horizonte, que se sumergía lentamente en él, que parecía un amante dulce y tierno de la mar. Saltó para verlo mejor y nadó buscando al sol bajo las aguas.
Dicen que no descansaba, que subía una y otra vez a la superficie, que salía e intentaba respirar el aire que respiran las gaviotas, y que las perseguía como si fuese una más de la bandada que volaba a ras de agua.
Dicen que quiso ser como ellas, que se escapó del mar, dicen que quiso volar… pero se quedó dormido, sin agua donde vivir, rodeado de un aire que lo mataba. Dicen que lo vieron muerto, flotando sobre las aguas, porque era un pez, y los peces no vuelan.
Yo sé que salió de su mundo, que vio la luna como no la había visto ningún pez, que vio la puesta de sol y voló con las gaviotas. Yo sé que vio las cubiertas de los barcos y las olas desde el cielo, y que se posó en la barandilla del faro. Dicen que flotaba sobre las aguas, yo sé que se quedó dormido, cansado, y que se acurrucó sobre una ola para recobrar fuerzas.
Dicen que era un pez y que los peces no vuelan. Yo se que era un corazón que se enamoró, que fue libre, que voló, que rompió las normas y se saltó los límites… Dicen que era un pez y que los peces no vuelan, yo sé que fue capaz de hacerlo… Dicen que el mar reclamó su cuerpo y se lo llevó a su fondo… Yo sé que vive en el faro, y algunas noches, como esta, me lleva lejos, y volamos... Dicen que los peces y los hombres no vuelan... El viejo farero. |
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